La transparencia que nadie puede verificar

Imagen de referencia.

Por: Alcides Herrera

27/05/2026

La transparencia no se decreta, se demuestra. Y en El Salvador, el nuevo portal sobre activos y pasivos de funcionarios públicos no nace de una convicción democrática, sino de una exigencia del Fondo Monetario Internacional. No es una conquista ciudadana; es una condición para seguir recibiendo préstamos y mantener vivo un modelo de endeudamiento que ya tiene al país hipotecado.

Si las declaraciones patrimoniales publicadas fueran reales, cualquiera tendría motivos para sorprenderse. Pero sería ingenuo creer que un gobierno acostumbrado a mentir todos los días iba a entregar información verdadera sobre sus riqueas, negocios y bienes. Estamos hablando de funcionarios que han construido un sistema donde no existe control institucional, donde la opacidad es política de Estado y donde las instituciones encargadas de fiscalizar están sometidas al poder.

¿Qué se puede hacer cuando no hay Fiscalía General que investigue? ¿Qué se puede esperar de una Sección de Probidad que guarda silencio mientras el país se hunde en deuda y corrupción? Absolutamente nada. El ciudadano común queda reducido a observar cómo el poder se protege a sí mismo.

No se puede esperar transparencia de quienes incluso utilizan dinero público para financiar propaganda y difundir noticias falsas. Este portal no busca rendir cuentas; busca aparentar. Es una vitrina creada para cumplir requisitos internacionales y garantizar nuevos desembolsos financieros. Una simulación de institucionalidad para tranquilizar al FMI mientras aquí se profundiza el autoritarismo y el secretismo.

Resulta hasta grotesco pensar en honestidad patrimonial cuando el presidente de un país bananero parece haber gastado más dinero en vuelos privados que el patrimonio que declara. O cuando el presidente de la Asamblea Legislativa mantiene negocios oscuros vinculados al sector salud y ni siquiera transparenta los viajes realizados con fondos públicos. ¿De verdad alguien cree que ahora sí serán transparentes? ¿Después de haber puesto bajo reserva más de 40 mil millones de dólares en presupuestos públicos y más de 14 mil millones en préstamos?

La opacidad no es casualidad. Es parte del modelo. Porque quien controla la información controla también la narrativa y el miedo.

Por ahora, quienes gobiernan están embriagados de poder. Se sienten invencibles porque dominan las instituciones, silencian voces críticas y utilizan el aparato estatal como maquinaria de propaganda. Pero la historia demuestra que ningún monstruo construido sobre mentiras es eterno. A veces basta una pequeña grieta, una basurita insignificante, para derrumbar estructuras que parecían indestructibles.

Y cuando eso ocurra, no habrá portal digital que pueda esconder la verdad.