Por: Alcides Herrera
Para el concierto de Shakira, el gobierno ha desplegado más de 3 mil militares, como si el evento cultural fuera una operación de guerra. La imagen es clara: filas interminables de soldados armados custodiando un espectáculo privado. El mensaje también lo es: El Salvador es el país más seguro del mundo.
Pero esa idea de seguridad que se quiere vender es, en realidad, una puesta en escena
.
La seguridad no se impone, se vive.
La seguridad verdadera está ligada a la tranquilidad cotidiana. Es poder entrar y salir de casa con confianza, saludar a los vecinos, caminar por la calle y decir buenos días o buenas noches sin temor.
En mi cantón, seguridad es poder colgar la hamaca y quedarme dormido sin miedo, disfrutar del calor, de la brisa y del sereno de la noche
. Esa sensación no la garantizan los fusiles ni los uniformes.
Militarización no es seguridad.
Nunca he asociado a los militares con seguridad. Para mí, representan guerra, muerte, discordia e imposición. Si un país necesita miles de soldados para “sentirse seguro”, es porque sigue siendo profundamente inseguro.
La presencia masiva de militares no tranquiliza: intimida. No genera confianza: impone silencio.
Más allá de las pandillas.
En El Salvador necesitamos superar la violencia pandilleril, sí, pero también una grave inseguridad jurídica instalada desde el poder. Sin garantías, sin derechos y sin confianza en la ley, no existe seguridad real.
Un país no es seguro porque exhiba soldados en un concierto
.
Un país es seguro cuando su gente vive sin miedo.
Y eso, todavía, está pendiente.