07/06/2026
Carlos P., maestro de Pasaquina, comenzó a sentirse mal mientras impartía clases. Mareos constantes y adormecimiento en las manos encendieron las alertas. Sin embargo, como muchos docentes, decidió esperar hasta el fin de semana para buscar atención médica, ante las dificultades que enfrentan para ausentarse de sus centros escolares.
Su primera parada fue el Hospital San Francisco, en San Miguel. Al identificarse como beneficiario del Instituto Salvadoreño de Bienestar Magisterial (ISBM), le indicaron que debía trasladarse al Policlínico Magisterial para ser evaluado.
Tras recorrer varios kilómetros desde La Unión Norte, finalmente fue atendido en consulta. Según relata, la conversación con la médica estuvo marcada por comentarios que lo hicieron sentir incómodo.
—¿De dónde viene usted?
—De Pasaquina.
—¿Y qué vino a hacer hasta aquí? ¿Qué no hay hospitales por allá?
—Allá solo está el hospital nacional.
—Allá se hubiera quedado. ¿Qué vino a hacer tan lejos?
—Esperaba que aquí hubiera mejor atención.
Carlos explicó que sufría mareos y que se le dormían las manos. La respuesta fue una receta para una inyección de diclofenaco.
—¿No me va a referir para hacerme algunos exámenes? —preguntó.
—Yo no lo veo enfermo. Póngase esta inyección —asegura que le respondieron.
Para este docente, la experiencia refleja una situación que, según afirman numerosos maestros, se repite con frecuencia en el sistema de atención del Bienestar Magisterial.
Falta de personal, escasez de medicamentos, limitadas referencias a especialistas y largas distancias para recibir atención son algunas de las quejas que constantemente expresan los educadores.
“Esto no es un regalo. Es nuestro dinero, el que nos descuentan cada mes de nuestro salario”, expresó el maestro al finalizar su recorrido.
Mientras tanto, cientos de docentes continúan preguntándose si el sistema creado para proteger su salud sigue cumpliendo realmente con ese propósito.
Por: Prensa Izcanal.