Opacidad y Discurso: La Tragedia de Glenda que Desmiente la «Paz» Oficial

Fotografía cortesía de Comandos de Salvamento.

Mientras el país se envuelve en una narrativa de seguridad absoluta y propaganda digital, la realidad en las periferias de La Libertad cuenta una historia mucho más cruda. El hallazgo del cuerpo de Glenda Stefanie M. una niña de apenas 12 años, en un barranco de Comasagua, no es solo un hecho trágico; es el síntoma de un sistema de seguridad que, en ocasiones, parece preferir el silencio estadístico antes que la rendición de cuentas.

¿Cero Homicidios?

El pasado 5 de mayo, mientras el país procesaba el hallazgo sin vida de la menor en el cantón Granadilla, la cuenta oficial de la Policía Nacional Civil (PNC) publicaba su habitual reporte de «Cero Homicidios». Esta contradicción levanta cuestionamientos críticos sobre la transparencia institucional y el manejo de los datos:

¿Bajo qué criterio se ignora la muerte de una niña al reportar el balance diario de violencia?

Al no oficializar una investigación criminal inmediata, el caso queda en un limbo burocrático que favorece el discurso gubernamental pero desampara la exigencia de justicia de la familia.

El Silencio como Estrategia de Imagen: La ausencia de un informe oficial sobre la causa de muerte —a pesar de haber sido encontrada en un barranco tras desaparecer en su trayecto escolar— sugiere una preocupante resistencia a reconocer hechos que puedan «ensuciar» las métricas de seguridad.

Vulnerabilidad en el Camino a la Escuela.

Glenda no desapareció en un contexto de riesgo voluntario; desapareció cumpliendo su derecho a la educación, rumbo al Centro Escolar Cantón El Triunfo. Que una niña de 12 años no pueda caminar segura hacia su pupitre desmantela cualquier pretensión de control territorial absoluto.

Fue la presión en redes sociales y la labor de cuentas independientes como “DESAPARECIDOS S.O.S.” lo que movilizó la información, mientras los canales oficiales guardaban silencio.

El área limítrofe entre Santa Tecla y Comasagua sigue demostrando que, para las comunidades más pobres, las fronteras geográficas son, en realidad, zonas de desprotección estatal.

La muerte de Glenda Stefanie no puede ser reducida a un accidente conveniente ni a una omisión en un tuit de relaciones públicas. La insistencia en proyectar un país libre de violencia obliga a las autoridades a ser más transparentes que nunca; de lo contrario, la «paz» que se vende afuera se construye sobre los cuerpos olvidados en los barrancos de adentro.

El luto de Comasagua hoy desmiente el marketing de la seguridad. El periodismo tiene la obligación de preguntar: ¿A quién beneficia el silencio institucional en el caso de Glenda?

Por Ulises Soriano.

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