ANTE LA CRISIS DE MEDICAMENTOS, ¿QUÉ HACEN LOS MÉDICOS?

En la entrada de todas las Unidades Comunitarias de Salud Familiar (UCSF) del departamento de Usulután hay un rótulo con un número de teléfono y un código QR. El 2508-8000 es la línea oficial a la que la población puede llamar o escribir por WhatsApp para denunciar o evaluar la atención recibida en los centros de salud.

Estebana lo comprobó en carne propia. Llegó a la UCSF de Estanzuelas porque sufría mareos, enrojecimiento en los ojos y dolores de cabeza. “Yo me sentía como dunda”, cuenta.

El promotor de salud le advirtió que podía tratarse de la presión arterial elevada, con el riesgo de un derrame. Al día siguiente, Estebana acudió a consulta. El diagnóstico fue hipertensión, pero no había medicinas disponibles: ni Enalapril, ni Amlodipina, ni Valsartán. La doctora le recomendó comprar el fármaco en una farmacia privada. Indignada, la hija de Estebana tomó una foto del rótulo con el número de teléfono y el QR de denuncias. Ese mismo día reportó la falta de medicamentos al Ministerio de Salud.

¿Qué sucede cuando alguien denuncia? Izcanal consultó a seis médicos de las zonas norte de Usulután y San Miguel, y todos coincidieron en la misma versión: Cuando se recibe una denuncia, el Ministerio de Salud llama inmediatamente a la unidad y pregunta si cuentan con el medicamento solicitado. Aunque la norma anterior consideraba desabastecimiento la falta de fármacos para tres meses, hoy basta con tener dos o tres pastillas en inventario para que oficialmente no se registre la escasez.

La primera alternativa de los médicos es pedir apoyo al SIBASI, pero reconocen que pocas veces hay existencias. Otra opción es coordinar por medio de chats internos con otras UCSF cercanas para conseguir algunas dosis y atender al paciente denunciante. Cuando logran obtener el medicamento, el personal médico tiene que buscar al paciente en su casa y entregárselo personalmente. Además, deben enviar evidencia al Ministerio de que el caso fue resuelto.

Un médico consultado resumió la situación: “Sí, solucionamos ese caso puntual, pero seguimos sin poder responder a toda la población. ¿Se imaginan si todos los hipertensos denunciaran? Nos pasaríamos buscando pastillas y repartiéndolas como mensajeros, en lugar de atender en la consulta”. La visita inesperada Dos días después de su denuncia, Estebana recibió en su casa a la doctora de la UCSF de Estanzuelas, quien le entregó la Amlodipina.

Ella quedó sorprendida por la diligencia, sin saber que detrás de esa visita hubo una cadena de llamadas, traslados y gestiones urgentes para conseguirle unas cuantas pastillas. La experiencia refleja la tensión en el sistema: mientras la población encuentra en la denuncia un camino para acceder a sus medicinas, los médicos enfrentan el dilema de resolver un caso individual con recursos mínimos, sin que la crisis de fondo —la falta de abastecimiento sostenido— encuentre solución.

Redacción Izcanal.