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Nohemy pasó la noche en vela cuidando a su hermano de 12 años, quien presentaba fiebre, gripe y dolor en el cuerpo. A las 5 de la mañana se levantó para hacer los quehaceres en casa y, una hora después, salió rumbo a la Unidad Comunitaria de Salud Familiar (UCSF) de Moncagua con la esperanza de ser de las primeras en la fila.
Al llegar, encontró la unidad abarrotada. Su hermano seguía mal, pero aun así esperó desde las 7 de la mañana hasta la 1:25 de la tarde. Sin embargo, no logró ser atendida. Una enfermera se acercó y le informó que ya no atenderían a un grupo de más de 40 personas y que debían sacar cita para el día siguiente.
“No entiendo por qué no nos dijeron antes. Así podíamos ir a una farmacia a comprar alguna pastilla o, si no, regresar a casa. Nos tuvieron esperando tanto tiempo para nada”, expresó Nohemy a Izcanal.
Ella había viajado desde un caserío de El Platanar con la esperanza de que su hermano recibiera atención, al igual que muchas madres que acudieron a la unidad. La mayoría no tiene los recursos para pagar un médico particular.
El personal de salud explicó que seguían órdenes y que los médicos no podían atender a más de cuatro personas por hora. Además, ya se había completado la lista de quienes recibirían consulta en el turno de la tarde.
El nivel primario de salud ha sufrido recortes y cierres de UCSF en los últimos años. En 2025, el gobierno de Nayib Bukele redujo más de 90 millones de dólares al presupuesto del Ministerio de Salud. Las consecuencias de estas decisiones las están pagando los más pobres.
Por: Prensa Izcanal