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Josefa está sentada en una silla plástica, mientras su hija descansa en una hamaca junto a su puesto improvisado de venta a la orilla de la carretera El Litoral, que conecta Usulután con El Tránsito.
—¿Está descansando? —Un ratito, mientras viene el hombre, y porque el calor está fuerte, usted. —¿Y a cuánto da las jícamas? —Los puchitos son dos dólares, ¿cuál le doy?
Josefa atiende el puesto junto a su hija por la mañana, vendiendo jícamas, cocos, papayas y frutas de temporada. Por la tarde, llega su esposo Mario con su hijo pequeño, quien asiste a la escuela en la mañana, para continuar con la venta. Así transcurre su rutina de lunes a domingo a la orilla de la carretera.
La pobreza aprieta
La pobreza en El Salvador va en aumento. En 2019, cuando el gobierno de Bukele inició su gestión de manera legítima, la pobreza era del 22.8%. Según datos del Banco Mundial, en 2023 la cifra alcanzó el 30.3%. Estos datos pueden verificarse en la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples 2024 (EHPM 2024). En el municipio de Usulután Este, la pobreza multidimensional es del 33.7%, con una tasa de desocupación del 59.8%, según el mapa socioeconómico presentado en agosto de 2024 por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
La venta informal los salva de morir de hambre
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Cada día aumentan los puestos de venta informal a lo largo de la carretera. En menos de dos años han crecido tanto que los transeúntes pueden encontrar de todo: verduras, frutas de temporada, hamacas, agua de coco, elotes y bebida de caña de azúcar. Junto a ellos, otros emprendimientos también crecen: venta de muebles, carwash, pupuserías, tortillerías y talleres de reparación de llantas. Todos estos negocios operan en la informalidad.
—¿Por qué tan baratas las papayas? —A tres por cinco dólares, ¿cuántas le doy? —Me llevaré las tres, pero quisiera saber por qué están tan baratas. —Es que son producidas aquí en la zona, en los cantones. A mí me las trae un señor de Hacienda Nueva que dice que tiene un papayal con unos 500 árboles.
Dos señores de avanzada edad atienden el puesto. Compran la papaya a un dólar por unidad y, si logran vender 20 al día, obtienen una ganancia de aproximadamente de ocho dólares.
Según el último informe de la CEPAL, el empleo informal en El Salvador alcanza el 70%. El país ocupa el séptimo lugar en América Latina con la tasa de informalidad más alta, de acuerdo con el estudio “América Latina y el Caribe ante las trampas del desarrollo: transformaciones indispensables y cómo gestionarlas”.
Esta realidad se refleja en la carretera El Litoral. La pobreza aprieta y las personas buscan la manera de generar ingresos para sus familias, recurriendo a cualquier actividad económica.
—¿A cuánto los elotes? —A seis por un dólar. —Ya días lo veo vendiendo elotes aquí. —A veces me pongo y a veces no. —¿Por qué deja de venir a vender? —Es que hay días que trabajo de ayudante de albañil, otros vendo camisetas en Jucuapa y cuando no tengo otra opción, vengo aquí. Me gusta vender de 2 a 6 de la tarde, es cuando hay más movimiento. En la mañana me rebusco en otra cosa.
Pero esta situación también afecta a quienes tienen un empleo formal con salario mínimo. Radio Izcanal compartió el testimonio de un vigilante privado que recibe un sueldo de $327 al mes y, para cubrir los gastos del hogar, debe trabajar en la milpa o realizar jornales en sus días libres.
Remesas Vs Pobreza
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A simple vista, parece que Usulután Este está progresando. En 2024, se inauguraron dos centros comerciales: Mall El Sol y Centro Comercial Plaza Mundo. Las tiendas tradicionales llenan sus espacios y los clientes principales son aquellos con empleo o quienes reciben remesas. En ese mismo año, el 34% de la población de Usulután Este recibió remesas por un monto total de $332.87 millones, según el Banco Central de Reserva (BCR). Esta situación ha generado una división económica en las comunidades entre dos grupos: quienes viven en pobreza multidimensional (33.7%) y quienes dependen de las remesas (34%).
Por: Prensa Izcanal